Historia de Uruguay

Los indígenas de Uruguay eran los charrúas, en la costa, y los guaraníes, al norte del río Negro. Los charrúas, cazadores-recolectores, se resistieron a la conquista española durante más de un siglo, tras matar al explorador Juan de Solís y a gran parte de su expedición en 1516, en gran parte porque a los europeos solo les interesaba controlar las riberas del río de la Plata como ruta de acceso al interior del continente.

Los primeros asentamientos permanentes en la zona fueron las misiones jesuitas que se instalaron cerca de la actual Soriano, en el río Uruguay. Los siguientes fueron los portugueses, que se asentaron en la actual Colonia en 1680 para introducir productos de contrabando en Buenos Aires. España respondió erigiendo una ciudadela en Montevideo en 1726. Durante el siglo siguiente continuó la lucha entre España y Portugal por controlar las tierras a lo largo de la orilla oriental del río de la Plata.

La invasión de la península Ibérica por parte de Napoleón a principios del s. XIX supuso un debilitamiento de españoles y portugueses y también la aparición de movimientos independentistas por toda la región. El héroe nacional uruguayo José Gervasio Artigas inicialmente intentó formar una alianza con varios estados de la actual Argentina y el sur de Brasil, pero finalmente se vio obligado a huir a Paraguay. Allí se reagrupó y organizó el famoso grupo de los 33 Orientales, un ejército que, bajo el mando del general Juan Lavalleja y con ayuda argentina, cruzó el río Uruguay el 19 de abril de 1825 y lanzó una campaña para liberar al actual Uruguay del poder brasileño. En 1828, después de tres años de lucha, los británicos mediaron en la firma de un tratado para convertir Uruguay en un pequeño Estado tapón entre las potencias emergentes del continente.

Durante varias décadas, la independencia de Uruguay siguió siendo frágil. Hubo una guerra civil entre los dos emergentes partidos políticos, los Colorados y los Blancos; Argentina sitió Montevideo de 1838 a 1851; y Brasil fue una amenaza constante. Las cosas finalmente se calmaron durante la segunda mitad del s. XIX, con el reconocimiento de la independencia de Uruguay por parte de todos los países de la zona y el surgimiento de una fuerte economía nacional basada en las reses y la lana.

A principios del s. XX el visionario presidente José Batlle y Ordóñez introdujo medidas innovadoras como las pensiones, los créditos agrícolas, las prestaciones por desempleo y la jornada laboral de 8 h. La intervención del Estado provocó la nacionalización de muchas industrias, la creación de nuevos sectores y el inicio de una era de bonanza. Sin embargo, las reformas se financiaron mediante impuestos en el sector ganadero. A mediados de siglo, cuando las exportaciones cayeron en picado, la prosperidad de Uruguay se resquebrajó. Los años setenta supusieron el inicio de la dictadura militar, durante la que se cometieron innumerables desmanes y se detuvo arbitrariamente a más de 60 000 ciudadanos. Uruguay recuperó el sistema de gobierno democrático en los años ochenta.

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