Historia de Camboya

Los buenos, los malos y los feos: esta es una manera sencilla de resumir la historia de Camboya. Sus comienzos fueron prósperos y culminaron con el gran imperio de Angkor, sin rival en la región durante cuatro siglos de dominio. A partir del s. XIII llegaron los malos, cuando sus vecinos trataron tenazmente de minar el territorio camboyano. En el s. XX, la situación se volvió realmente fea, debido a una brutal guerra civil que culminó con el Gobierno genocida de los jemeres rojos (1975-1979), del que Camboya todavía se está recuperando.

El origen de los jemeres

Como tantas otras leyendas, la del origen de Camboya es oscura desde el punto de vista histórico, pero reveladora acerca de las fuerzas culturales que dieron lugar al nacimiento del país y de la relación con su gran vecino del subcontinente, la India. Las tradiciones religiosas, reales y escritas de Camboya proceden de la India y se unieron y formaron una entidad cultural diferenciada entre los ss. I y V.

Se sabe muy poco acerca de la prehistoria de Camboya. La mayor parte del sureste era un golfo enorme y poco profundo que lentamente fue llenándose de sedimentos en las desembocaduras del Mekong y llegó a convertirse en una tierra rica en minerales, ideal para la agricultura. Hay indicios de la presencia de trogloditas en el noroeste de Camboya. Por el estudio de huesos se sabe que datan de aproximadamente el año 1500 a.C. y se supone que la gente que vivía en aquella época en el territorio de la actual Camboya se parecía a los camboyanos de hoy.

Primeros reinos camboyanos

El poder camboyano no empezó y acabó con Angkor. Hubo varios reinos poderosos en la zona antes del s. IX.

A partir del s. I la influencia india penetró en Camboya a través de asentamientos comerciales que surgieron en el litoral de lo que hoy es el sur de Vietnam, pero que en su día lo habitaban los jemeres. Estas colonias eran importantes puertos para los barcos que seguían la ruta comercial desde la bahía de Bengala hasta las provincias meridionales de China. El mayor de estos reinos, llamado Funan por los chinos, pudo haber existido en una región situada entre la actual Phnom Penh y el yacimiento arqueológico de Oc-Eo, en la provincia de Kien Giang (al sur de Vietnam). Funan habría sido contemporánea de Champasak, en el sur de Laos (entonces conocida como Kuruksetra), y otros feudos de la zona.

Funan es un nombre chino y puede ser una transliteración de la antigua palabra jemer bnam (“montaña”). Aunque se sabe muy poco de este reino, fue uno de los primeros centros de poder del sureste asiático.

Es muy probable que entre los ss. i y viii, Camboya estuviera ocupada por una serie de pequeños estados, cada uno de ellos con sus propias élites que o bien realizaban alianzas matrimoniales estratégicas, o bien luchaban entre ellas. Sin duda Funan fue uno de esos estados, y como importante puerto marítimo habría sido crucial en la transmisión de la cultura india hacia el interior de Camboya.

Gran parte de lo poco que los historiadores conocen de Funan ha sido deducido a partir de fuentes chinas. Según estas, la Camboya del período Funan (ss. i a vi) adoraba a las deidades hindúes Siva y Visnú, pero, al mismo tiempo, existía ya una fuerte presencia del budismo. El linga (tótem fálico) parece haber sido el centro de los rituales y un emblema de poder real, que con el tiempo iba a evolucionar en el culto angkoriano del dios-rey. En Funan se utilizaba un sistema de irrigación primitivo para cultivar el arroz y se comerciaba con materias primas agrícolas, especias y piedras preciosas, con China y la India.

A partir del s. VII y hasta hoy, la población camboyana empezó a concentrarse gradualmente en las riberas de los ríos Mekong y Tonlé Sap. Este movimiento migratorio pudo estar relacionado con el desarrollo del cultivo del arroz en los humedales. Entre los ss. vi y viii, Camboya fue un conglomerado de reinos enfrentados, gobernados por reyes autocráticos que legitimaban su poder mediante conceptos de casta importados de la India.

Esta época se suele conocer como período Chenla. Como Funan, es una palabra china y hay pocos argumentos para apoyar la tesis de que Chenla fuera un reino unificado que dominaba toda Camboya.

Auge del imperio de Angkor

De manera gradual, la región camboyana se fue volviendo más cohesionada. Al poco tiempo, los reinos fracturados de Camboya se unirían en un extenso imperio asiático.

En la montaña sagrada de Phnom Kulen, al noreste de Angkor, un popular lugar de peregrinación para los jemeres en la actualidad, figura una inscripción en la que Jayavarman II [802-850] se proclamaba a sí mismo “monarca universal” o devaraja (dios-rey) en el año 802. Se cree que de joven pudo haber residido en la corte budista de Shailendras (Java) y haberse inspirado en los grandes templos javaneses de Borobudur y Prambanan, cerca de la actual Yogyakarta. A su vuelta a Camboya instigó un levantamiento contra el control javanés de las tierras del sur de Camboya. Jayavarman II consiguió controlar el país con alianzas y conquistas, y se convirtió en el primer monarca en gobernar la mayor parte de lo que es la actual Camboya.

Jayavarman II fue el primero de una larga sucesión de reyes que dominaron el mayor imperio continental que haya visto el sureste asiático, y que iba a legar la impresionante herencia de Angkor. La clave del meteórico ascenso de Angkor fue el dominio del agua y un elaborado sistema hidráulico que permitió a los antiguos jemeres dominar los elementos. Los primeros documentos sobre las grandes obras de irrigación que sostenían a la población de Angkor datan del reino de Indravarman I [877-889], que construyó el baray (embalse) de Indratataka. Su reinado también marca el florecimiento del arte angkoriano, con la construcción de templos en la zona de Roluos, especialmente Bakong.

A principios del s. XI, el reino de Angkor empezó a perder el control de su territorio. Suryavarman I [1002-1049], un usurpador, llenó el vacío de poder y, como Jayavarman II dos siglos antes, reunificó el reino con guerras y alianzas, y extendió las fronteras del imperio. Se empezaba ya a establecer una pauta, que se repitió a lo largo del período angkoriano: dislocación y confusión, seguida de reunificación y expansión bajo el mandato de un rey poderoso. En el ámbito de la arquitectura, los períodos más productivos se dieron tras épocas de confusión, lo que indica que los monarcas recién llegados sentían la necesidad de legitimar su poder con ambiciosos proyectos de construcción.

En el 1066, los conflictos dividieron de nuevo Angkor y lo convirtieron en el centro de las pujas rivales por el poder. Hasta el ascenso de Suryavarman II [1112-1152] el reino no volvió a unificarse. Suryavarman II se embarcó en otra fase de expansión: promovió costosas guerras en Vietnam y en la región conocida como Champa. Para la posteridad quedó inmortalizado como el rey que, por su devoción a la deidad hindú Visnú, encargó el majestuoso templo de Angkor Wat. Para conocer los hechos de esta época, conviene visitar los bajorrelieves del pasillo suroeste de Angkor Wat, que representan episodios de su reinado.

Suryavarman II sometió Champa y la redujo a un estado vasallo, pero los cham contraatacaron en 1177 con una expedición naval por el Mekong y hacia el lago Tonlé Sap. Ocuparon por sorpresa la ciudad de Angkor y asesinaron al rey Dharanindravarman II. Al año siguiente, un primo de Suryavarman II concentró a las tropas jemeres y logró derrotar a los cham en otra batalla naval. El nuevo líder fue coronado como Jayavarman VII en 1181.

Declive y caída de Angkor

Angkor fue el epicentro de un imperio increíble que dominó gran parte de la región del Mekong, pero que en su día inició un declive irreversible.

Varios estudiosos aseguran que esta caída se podía vislumbrar en la época en que se construyó Angkor Wat, cuando el imperio angkoriano estaba en la cúspide de su extraordinaria productividad. Hay indicadores de que la red de irrigación estaba sobreexplotada y que poco a poco empezó a encenagarse debido a la masiva deforestación que había tenido lugar en las zonas más densamente pobladas al norte y al este de Angkor. Este hecho se vio agravado por unos prolongados períodos de sequía en el s. XIV.

Los proyectos de construcción masiva, como los de Angkor Wat y Angkor Thom, sin duda ocasionaron muchos problemas en las arcas reales y grandes tensiones con los miles de esclavos y entre la gente corriente que los subvencionaba mediante el trabajo duro y los impuestos. Tras el reinado de Jayavarman VII, la construcción de templos se frenó, en gran parte porque las obras públicas de este acabaron con la arenisca local y habían dejado exhausta a la población.

Otro desafío para los reyes posteriores fueron los conflictos religiosos y las rivalidades. La religión estatal cambió varias veces durante los años del ocaso del imperio, y los reyes dedicaban más tiempo a la iconoclasia desfigurando los templos de sus predecesores, que a construir otros para rememorar sus propios logros. Cada cierto tiempo estas actividades desembocaban en una guerra civil.

Angkor empezaba a perder el control de la periferia de su imperio. Al mismo tiempo, los tailandeses estaban en auge, tras escapar al sur desde Yunnan, en China, huyendo de Kublai Khan y de sus hordas mongolas. Los tailandeses, primero desde Sukothai y después desde Ayuthaya, aumentaron su fortaleza e hicieron repetidas incursiones en Angkor antes de saquear la ciudad en 1431 y llevarse a miles de pensadores, artesanos y bailarinas de la corte real. Durante este período, quizá arrastrada por las oportunidades que ofrecía el comercio marítimo con China y temerosa de los cada vez más belicosos tailandeses, la élite jemer empezó a emigrar a la zona de Phnom Penh. La capital cambió varias veces a lo largo de los siglos, pero al final se emplazó en la actual Phnom Penh.

A partir de 1500 y hasta la llegada de los franceses en 1863, en Camboya reinaron una serie de monarcas débiles acosados por rivalidades dinásticas. Para hacer frente a las conspiraciones buscaron la protección, concedida a un alto precio, de Tailandia o Vietnam. En el s. XVII, los señores nguyen del sur de Vietnam acudieron al rescate del rey camboyano a cambio de derechos de asentamiento en la región del delta del Mekong. Los jemeres todavía se refieren a esta zona como Kampuchea Krom (Baja Camboya), aunque hoy está poblada por vietnamitas.

En el oeste, los tailandeses controlaron las provincias de Battambang y Siem Reap desde 1794, y ejercieron influencia sobre la familia real camboyana. De hecho, un rey de este período fue coronado en Bangkok y colocado en el trono en Udong con la ayuda del ejército tailandés. Que Camboya sobreviviera a lo largo del s. XVIII como una entidad independiente se debe a las preocupaciones de sus vecinos: mientras los tailandeses gastaban su energía y sus recursos luchando contra los birmanos, los vietnamitas se encontraban completamente absortos en contiendas internas. Este patrón continuó durante más de dos siglos, mientras la siempre débil Camboya se debatía entre dos poderosos tigres.

Ocupación francesa

La era del toma y daca entre los señores tailandeses y los vietnamitas llegó a su fin en 1863, cuando los cañones franceses intimidaron al rey Norodom I [1860-1904] hasta que este firmó un tratado que convertía el país en un protectorado galo. El control francés de Camboya se desarrolló como una campaña supeditada a los intereses en Vietnam, muy parecida a la experiencia americana que se vivió un siglo después, y que inicialmente implicaba pocas interferencias directas en los temas internos de Camboya. La presencia francesa también ayudó a mantener a Norodom en el trono a pesar de las ambiciones de sus rebeldes hermanastros.

En la década de 1870, los oficiales franceses asentados en Camboya empezaron a presionar para lograr un mayor control sobre los asuntos internos. En 1884, Norodom se vio forzado a firmar un tratado que transformó su país en una auténtica colonia y provocó una rebelión de dos años que constituyó el único gran levantamiento en Camboya antes de la II Guerra Mundial. La rebelión finalizó cuando el rey persuadió a los rebeldes de abandonar las armas a cambio del retorno a la situación anterior.

Durante las décadas siguientes, los oficiales camboyanos de alto rango abrieron la puerta al control francés directo sobre la administración del país. Los franceses mantuvieron la corte de Norodom en un esplendor desconocido desde el apogeo de Angkor, lo que ayudó a afianzar la posición de la monarquía. En 1907, los propios franceses presionaron a Tailandia para que devolviera las provincias del noroeste de Battambang, Siem Reap y Preah Vihear a cambio de concesiones territoriales de Laos a los tailandeses. Esto significó que Angkor volviera a control camboyano por primera vez en más de un siglo.

A Norodom I le sucedió Sisowath [1904-1927], y a este, el rey Monivong [1927-1941]. A la muerte de Monivong, el gobernador general francés de la Indochina ocupada por Japón, el almirante Jean Decoux, colocó al príncipe Norodom Sihanouk, de 19 años, en el trono camboyano. Las autoridades francesas creían que el joven Sihanouk sería un pelele, pero no calcularon bien.

Durante la II Guerra Mundial, las fuerzas niponas ocuparon la mayor parte de Asia, y Camboya no fue una excepción. Sin embargo, los japoneses permitieron a la Francia de Vichy, aliada de los alemanes, controlar Camboya. El precio fue conceder a Tailandia (un aliado japonés, si puede llamarse así) gran parte de las provincias de Battambang y Siem Reap de nuevo, zonas que no fueron devueltas hasta 1947. Sin embargo, tras la caída de París en 1944, los japoneses se vieron forzados a tomar el control directo del territorio a principios de 1945.

Tras la II Guerra Mundial, los franceses regresaron y convirtieron a Camboya en un Estado autónomo dentro de la Unión Francesa, pero manteniendo el control de facto. Los años inmediatamente posteriores a la guerra estuvieron marcados por las disputas entre varias facciones políticas del país, una situación que se hizo más inestable por la guerra Minh entre franceses y vietnamitas, que luego se extendió a Vietnam y Laos, y finalmente, a Camboya. Los vietnamitas, igual que sucedió dos décadas después en la guerra contra Lon Nol y el ejército de EE UU, se entrenaron y lucharon con grupos jemeres issarak (jemeres libres) contra las autoridades francesas.

La época de Sihanouk

El período que siguió a la independencia fue de paz y prosperidad. Phnom Penh creció como ciudad, los templos de Angkor se convirtieron en el mayor reclamo turístico del sureste asiático y Sihanouk recibió a muchos líderes influyentes de todo el mundo. No obstante, la Guerra de Vietnam no tardaría en extenderse a los países vecinos.

A finales de 1952, el rey Sihanouk disolvió el recién creado Parlamento, declaró la ley marcial y se embarcó en una “cruzada real”, una campaña itinerante con el objeto de recabar apoyo internacional para conseguir la emancipación de su país. El 9 de noviembre de 1953 se proclamó la independencia de Camboya, reconocida por la Conferencia de Ginebra en mayo de 1954, que puso fin al control francés de Indochina. En 1955 Sihanouk abdicó, temeroso de ser marginado del poder. El “cruzado real” se convirtió en el “ciudadano Sihanouk”. Juró no volver nunca más a asumir el trono, que fue ocupado por su padre. Se trató de un golpe maestro que otorgó a Sihanouk tanto autoridad real como poder político. Su partido, recién creado, Sangkum Reastr Niyum (Comunidad Socialista Popular), ganó todos los escaños del Parlamento en las elecciones de septiembre de 1955, y Sihanouk dirigió la política del país durante los 15 años siguientes.

Aunque temía a los comunistas vietnamitas, Sihanouk veía a Vietnam del Sur y Tailandia, ambos aliados de EE UU, como las mayores amenazas para la seguridad de Camboya, e incluso para su supervivencia. En un intento por esquivar estas amenazas, declaró la neutralidad de Camboya y rechazó aceptar más ayuda estadounidense, que hasta entonces había significado una parte importante del presupuesto militar del país; también nacionalizó muchas industrias, entre ellas el comercio del arroz, lo que enfureció a muchos chino-camboyanos. En 1965, Sihanouk, convencido de que EE UU había estado conspirando contra él y su familia, rompió relaciones diplomáticas con Washington y se alió con los norvietnamitas y China. Además permitió a los comunistas usar el territorio camboyano en su enfrentamiento contra Vietnam del Sur y EE UU. Sihanouk estaba tomando posiciones, una opción peligrosa en una región tan volátil.

Estos movimientos y las políticas económicas socialistas emprendidas hicieron que el sector conservador de la sociedad camboyana fuera apartado del poder, incluidos los jefes militares y la élite urbana. A su vez, los camboyanos de izquierdas, muchos de ellos educados en el extranjero, mostraron su desacuerdo con la política doméstica. Agravó los problemas de Sihanouk el hecho de que todas las clases sociales estuvieran hartas de la corrupción dominante en las esferas gubernamentales y en los círculos cercanos a la familia real. Aunque la mayoría de los campesinos reverenciaba a Sihanouk como una figura semidivina, en 1967 estalló una rebelión rural en Samlot, Battambang, que hizo que el monarca considerara que la mayor amenaza para su régimen venía de la izquierda. Cediendo a las presiones del ejército, puso en marcha una dura política represiva contra la disidencia de izquierdas.

En 1969, el conflicto entre el ejército y los rebeldes había empeorado, pues los vietnamitas buscaban asilo en Camboya. La posición política de Sihanouk se había deteriorado debido, en parte, a su obsesión por el séptimo arte, que le restaba tiempo para las labores de gobierno. En marzo de 1970, mientras Sihanouk se encontraba de viaje en Francia, el general Lon Nol y el príncipe Sisowath Sirik Matak, primo de Sihanouk, le depusieron como jefe de Estado, aparentemente con el consentimiento tácito de EE UU. Sihanouk fijó su residencia en Pekín, donde estableció un Gobierno en el exilio en alianza con un movimiento revolucionario camboyano que el monarca había apodado “jemeres rojos”. Fue un momento clave para la historia contemporánea camboyana, pues los jemeres rojos utilizaron su asociación con Sihanouk para atraer nuevas incorporaciones a su pequeña organización.

Estalla la guerra civil

Se habían sentado las bases para una sangrienta guerra civil. Sihanouk fue condenado a muerte in absentia, una drástica acción del nuevo Gobierno. Lon Nol dio un ultimátum al ejército comunista vietnamita para que retirara sus efectivos en el plazo de una semana, lo que significó una declaración de guerra porque los vietnamitas no querían volver a su tierra, donde tendrían que enfrentarse a los estadounidenses.

El 30 de abril de 1970, tropas estadounidenses y survietnamitas invadieron Camboya con la intención de aniquilar a miles de soldados del Vietcong, que utilizaban el país como base en su lucha por acabar con el Gobierno de Vietnam del Sur. Como consecuencia de la invasión, los comunistas vietnamitas retrocedieron hacia el interior de Camboya, desestabilizando todavía más el Gobierno de Lon Nol. El pequeño ejército de Camboya no tuvo ninguna posibilidad y, en pocos meses, las fuerzas vietnamitas y sus aliados, los jemeres rojos, invadieron todo el país. La máxima humillación llegó en julio de 1970, cuando los vietnamitas ocuparon los templos de Angkor.

En 1969, EE UU lanzó la Operación Menu, el bombardeo secreto de supuestos campamentos comunistas en Camboya. Durante los cuatro años siguientes –hasta agosto de 1973, cuando el Congreso estadounidense prohibió los bombardeos–, amplias zonas de la mitad oriental del país fueron atacadas de manera sistemática por B-52 de EE UU. El resultado fueron miles de víctimas entre la población civil y cientos de miles de refugiados. Sin duda, esta campaña de bombardeos masivos ayudó a los jemeres rojos a reclutar más gente, porque cada vez más campesinos perdían a sus familiares en los ataques aéreos. Aunque el bombardeo final, el más duro, llevado a cabo en 1973, pudo haber salvado a Phnom Penh de una caída prematura, su brutalidad también ayudó a radicalizar la actitud de muchos líderes de los jemeres rojos y pudo haber contribuido a la brutalidad posterior que caracterizó su régimen.

El país se vio envuelto en enfrentamientos salvajes, que llevaron a la miseria a millones de camboyanos; muchos huyeron de las zonas rurales hacia la relativa calma de Phnom Penh y las capitales de provincia. Entre 1970 y 1975 cientos de miles de personas murieron en la guerra. Durante estos años, los jemeres rojos desempeñaron un papel decisivo al intentar derrocar el régimen de Lon Nol, fortalecido por el apoyo de los vietnamitas.

Los líderes de los jemeres rojos, incluidos Pol Pot e Ieng Sary, ambos educados en París, habían huido hacia las zonas rurales en la década de 1960 para escapar de la justicia sumaria que las tropas de seguridad de Sihanouk aplicaban a supuestos izquierdistas. Consolidaron el control sobre el movimiento y empezaron a atacar a sus enemigos antes de tomar Phnom Penh. Muchos de los comunistas camboyanos entrenados por los vietnamitas que habían vivido en Hanói desde la Conferencia de Ginebra de 1954 recorrieron la Ruta Ho Chi Minh de vuelta para unirse a sus aliados en el ejército de los jemeres rojos en 1973. Muchos murieron en 1975, ejecutados por orden de la facción antivietnamita de Pol Pot. Asimismo, muchos partidarios moderados de Sihanouk que se habían unido a los jemeres rojos como muestra de lealtad a su líder caído más que por su ideología radical, fueron víctimas de purgas antes de que el régimen se hiciera con el poder.

El Gobierno de Lon Nol no tardó mucho en convertirse en impopular por su codicia y corrupción. Como EE UU financiaba la guerra, miembros del Gobierno y cargos militares encontraron formas lucrativas de hacer fortuna, tales como inventarse “soldados fantasma” para recibir su paga, o vendiendo armas al enemigo. Lon Nol era percibido por una amplia mayoría como un líder inepto, obsesionado por la superstición, las predicciones de los futurólogos y las cruzadas místicas. Tal percepción aumentó con el golpe de marzo de 1971. Durante los cuatro años siguientes su control del país empezó a debilitarse, a la vez que aumentaba el poder de su hermano Lon Non.

A pesar de la enorme ayuda militar y económica de EE UU, Lon Nol nunca consiguió plantar cara a los jemeres rojos. Grandes zonas rurales cayeron en manos de los rebeldes y muchas capitales de provincia quedaron incomunicadas de Phnom Penh. Lon Nol huyó del país en abril de 1975, dejando al frente a Sirik Matak, quien se negó a la evacuación hasta el final. “Por desgracia, no puedo huir de manera tan cobarde […]. Solo he cometido un error: creer en vosotros, los norteamericanos”, fueron las dolorosas palabras que Sirik Matak escribió al embajador estadounidense, John Gunther Dean. El 17 de abril de 1975, dos semanas antes de la caída de Saigón (la actual Ciudad Ho Chi Minh), los jemeres rojos tomaron Phnom Penh.

La revolución de los jemeres rojos

Tras la toma de Phnom Penh, los jemeres rojos pusieron en práctica una de las reestructuraciones sociales más radicales y brutales jamás llevadas a cabo; su objetivo era una revolución en toda regla, no contaminada por aquellos que habían intervenido antes en la política del país, para convertir a Camboya en una cooperativa agraria dominada por los campesinos. A los pocos días de la llegada de los jemeres rojos al poder, toda la población de Phnom Penh y los pueblos de las provincias, incluidos los enfermos, los ancianos y los más débiles, fue obligada a marcharse al campo a trabajar de 12 a 15 h diarias. En caso de desobediencia, a menudo se producía una ejecución inmediata. Los jemeres rojos bautizaron como “año cero” el año de su subida al poder. Se abolió la moneda y los servicios postales se interrumpieron. El país quedó aislado del resto del mundo.

Pero para Pol Pot, los jemeres rojos no eran un movimiento unificado, sino una serie de facciones que necesitaban ser depuradas. Ello provocó constantes purgas, que ya habían empezado con los ataques sobre los jemeres rojos entrenados por los vietnamitas y los partidarios de Sihanouk. Al llegar al poder, lo primero que hizo Pol Pot fue eliminar, mejor dicho, exterminar, el antiguo régimen. Todos los miembros del anterior Gobierno y los militares que habían estado asociados con Lon Nol fueron ejecutados en pocos días. A continuación se inició la purga en las provincias, en las regiones exteriores organizadas en zonas geográficas. Las fuerzas armadas leales de la región suroccidental, al mando del general cojo Ta Mok, fueron enviadas a todas las regiones una por una, para “purificar” a la población, un procedimiento que causó cientos de miles de muertes.

La represión alcanzó cotas grotescas en la sangrienta purga final contra la poderosa e independiente zona este. Cientos de líderes fueron ejecutados, lo que provocó una guerra civil en la zona oriental de Camboya. Muchos líderes huyeron a Vietnam, donde crearon el núcleo del Gobierno que los vietnamitas impusieron en enero de 1979. La gente estaba indefensa y se mostraba desconfiada, y muchos fueron deportados al noroeste con nuevos y azules kramas (pañuelos). Si no se hubiera producido la invasión vietnamita, todos habrían muerto, pues el krama azul era un distintivo secreto del partido para señalar a los enemigos de la revolución.

Se desconoce con exactitud cuántos camboyanos murieron a manos de los jemeres rojos durante los tres años, ocho meses y veinte días que duró el régimen. Según los vietnamitas, fueron tres millones de personas, aunque expertos internacionales hablan de aproximadamente un millón. Investigadores de la Universidad de Yale (EE UU) estiman que la cifra ronda los dos millones.

Los jemeres rojos ejecutaron a cientos de miles de personas, y muchas más murieron de hambre y enfermedades. Las comidas consistían en poco más que un puñado de gachas de arroz dos veces al día, que debían dar sustento a hombres, mujeres y niños en sus duros días de trabajo en el campo. Las enfermedades se extendieron por los campos de trabajo y la malaria y la disentería segaron la vida de familias enteras.

A medida que se eliminaba a más y más moderados, Angkar (La Organización) se convirtió en la única familia que el pueblo necesitaba y los que no comulgaban con ella fueron perseguidos y aplastados. Incluso los campesinos que habían apoyado la revolución se dieron cuenta de que estaban viviendo una auténtica locura. En 1978 nadie quería a los jemeres rojos, pero no quedaba ni una pizca de fuerza para rebelarse… Hasta que llegaron los vietnamitas.

La invasión vietnamita

Históricamente, las relaciones entre Camboya y Vietnam han sido tensas, porque los vietnamitas, poco a poco y de manera continuada, se han ido extendiendo hacia el sur, ocupando territorio camboyano. A pesar de que los dos partidos comunistas habían luchado juntos como camaradas de armas, las viejas tensiones resurgieron pronto.

De 1976 a 1978, los jemeres rojos instigaron una serie de enfrentamientos con Vietnam, y reclamaron el delta del Mekong, en su día parte del Imperio jemer. Sus escaramuzas en las provincias fronterizas vietnamitas dejaron cientos de muertos civiles. El 25 de diciembre de 1978 Vietnam lanzó una gran ofensiva sobre Camboya y dos semanas más tarde derrocó el régimen de Pol Pot. Mientras los tanques vietnamitas se aproximaban a Phnom Penh, los jemeres rojos huyeron hacia el oeste con todos los civiles que pudieron secuestrar, y se refugiaron en las selvas y las montañas de la frontera tailandesa.

Los vietnamitas instalaron un nuevo Gobierno liderado por varios antiguos oficiales de los jemeres rojos, en el que se encontraba el primer ministro Hun Sen, huido a Vietnam en 1977. Los valedores de los jemeres rojos, los comunistas chinos, lanzaron un ataque masivo en la frontera norte de Vietnam a principios de 1979, con el objetivo de conseguir tiempo para sus aliados. Fracasaron y, tras 17 días, las tropas chinas se retiraron. Entonces, los vietnamitas organizaron en Camboya un simulacro de juicio, en el que Pol Pot y Ieng Sary fueron condenados a muerte in absentia por sus actos de genocidio.

La población, traumatizada, tomó las calles en busca de supervivientes entre sus familias. Millones de personas habían sido arrancadas de sus lugares de origen y tuvieron que caminar cientos de kilómetros por todo el país. Las reservas de arroz se agotaron, pues la cosecha se dejó marchitar y se plantó poco grano, lo que ocasionó una hambruna generalizada en 1979 y 1980.

Sihanouk aceptó en 1982, bajo presiones de China, liderar un frente militar y político opositor al Gobierno de Phnom Penh. La coalición de resistencia dirigida por Sihanouk concentró, al menos sobre el papel, a un grupo monárquico leal, el Frente de Liberación Nacional del Pueblo Jemer, un grupo no comunista formado por el anterior primer ministro Son Sann, y los jemeres rojos agrupados en el Partido de Kampuchea Democrática, la principal organización de la coalición formada por tres partidos llamada Funcinpec (Frente Unido Nacional por una Camboya Independiente, Neutral, Pacífica y Cooperativa). A fin de asegurar un compromiso acorde con la realpolitik de la época, los crímenes de los jemeres rojos fueron dejados de lado.

Durante gran parte de la década de 1980, Camboya estuvo cerrada a Occidente, y solo se permitía la presencia de algunos grupos de ayuda humanitaria. La política del Gobierno estaba bajo el control vietnamita, y Camboya pasó a formar parte del bloque del Este. Por entonces, la economía estaba destrozada, ya que, al igual que Vietnam, Camboya sufría las consecuencias del embargo norteamericano.

En 1984 los vietnamitas invadieron todos los campos rebeldes que había en Camboya y obligaron a los jemeres rojos y sus aliados a refugiarse en Tailandia; estos se convirtieron en una guerrilla que realizaba incursiones con el objetivo de minar la moral de sus adversarios. Los vietnamitas, por su parte, crearon el mayor campo de minas del mundo, conocido como K-5, que se extendía desde el golfo de Tailandia hasta la frontera con Laos, con el objetivo de cerrar el paso a la guerrilla. También enviaron a camboyanos a los bosques a cortar árboles en regiones remotas para prevenir emboscadas. Miles de ellos murieron por las enfermedades y las heridas provocadas por las minas terrestres. Los jemeres rojos ya no ocupaban el poder, pero para muchos, la década de 1980 fue casi tan difícil como la de 1970: una larga lucha por la supervivencia.

La ONU llega a la ciudad

Con la llegada de Mijaíl Gorbachov al Kremlin, la Guerra Fría tocó a su fin. Los primeros en zozobrar fueron los aliados soviéticos más alejados, y Vietnam, aislado, anunció en septiembre de 1989 la retirada de todas sus tropas de Camboya. Sin los vietnamitas, la coalición opositora, dominada todavía por los jemeres rojos, lanzó una serie de ofensivas que forzaron al vulnerable Gobierno a sentarse en la mesa de negociación.

Los esfuerzos diplomáticos por acabar con la guerra civil empezaron a tener sus frutos en septiembre de 1990, cuando el Gobierno de Phnom Penh y las tres facciones de la coalición de resistencia aceptaron un plan de paz. Según este, se formaría un Consejo Supremo Nacional, una coalición integrada por todas las facciones, bajo la presidencia de Sihanouk. Al mismo tiempo, la Autoridad Provisional de las Naciones Unidas en Camboya (UNTAC) supervisaría la administración del país durante dos años, hasta la celebración de unas elecciones libres y justas.

Sin duda, la Untac logró varios éxitos, pero sus fracasos costaron caros al país. La Untac suscribió muchos acuerdos internacionales sobre derechos humanos; abrió la puerta a un número significativo de ONG; y, lo más importante, el 25 de mayo de 1993 se celebraron elecciones generales con una participación del 89,6%. Sin embargo, los resultados fueron, según algunos, los peores posibles: el Funcinpec, liderado por el príncipe Norodom Ranariddh, consiguió 58 escaños en la Asamblea Nacional, y el Partido Popular de Camboya (CPP), que representaba al anterior Gobierno comunista, obtuvo 51 escaños. El CPP había perdido las elecciones, pero los líderes más veteranos amenazaron con una secesión de las provincias orientales del país. Como resultado, Camboya consiguió dos primeros ministros: Norodom Ranariddh en calidad de primer ministro principal, y Hun Sen como segundo primer ministro.

El programa de desarme de la ONU despojó de sus armas a las milicias rurales, quienes durante mucho tiempo habían sido la espina dorsal de la red de defensa provincial del Gobierno contra los jemeres rojos. Esta medida dejó a las comunidades de todo el país indefensas, mientras los jemeres rojos utilizaban el velo de la legitimidad otorgado por el proceso de paz para restablecer una red de guerrillas. En 1994, cuando finalmente el Gobierno los declaró ilegales, eran probablemente una amenaza mayor para la estabilidad de Camboya que en ningún otro momento desde 1979.

Los principales objetivos de la Untac fueron “restablecer y mantener la paz” y “promover la reconciliación nacional”, aunque a corto plazo no consiguió ninguno de los dos. Supervisó las elecciones, que fueron libres y justas, pero las acciones de los políticos de Camboya invalidaron su efecto. Durante el período de control de la ONU se hizo poco para desmantelar el aparato comunista del Estado establecido por el CPP, una máquina bien engrasada que aún hoy asegura el control por parte de los antiguos comunistas del servicio civil, la magistratura, el ejército y la policía.

La lenta llegada de la paz

Cuando los vietnamitas lograron derrocar al Gobierno de Pol Pot en 1979, los jemeres rojos se escondieron en la selva. Las guerrillas boicotearon las elecciones de 1993 y posteriormente se opusieron a las conversaciones de paz que pretendían establecer un acuerdo de alto el fuego. En 1994, los jemeres rojos recurrieron a una nueva táctica: el objetivo serían los turistas. En 1994 apresaron a tres viajeros en un taxi en la carretera a Sihanoukville y los asesinaron. Pocos meses después, otros tres extranjeros fueron detenidos en un tren con destino a Sihanoukville y los ejecutaron antes de que el ejército pudiera llegar al lugar.

El Gobierno cambió de rumbo a mediados de la década de 1990, y optó por más zanahoria y menos palo en un intento por acabar con la guerra. El gran paso adelante llegó en 1996, cuando Ieng Sary, el Hermano Número 3 en la jerarquía de los jemeres rojos y ministro de Asuntos Exteriores durante su mandato, fue denunciado por Pol Pot por corrupción. Más tarde lideró una deserción masiva de combatientes en la zona de Pailin, lo que sin duda determinó el destino de los jemeres rojos; Pailin, rica en piedras preciosas y árboles, había sido durante mucho tiempo el sostén económico que permitía financiar la guerrilla.

En 1997, empezaron a aparecer grietas en la coalición gubernamental y la incipiente democracia se vio de nuevo amenazada. Pero fueron de nuevo los jemeres rojos los que ocuparon los titulares. Pol Pot ordenó la ejecución de Son Sen, ministro de Defensa durante el régimen dictatorial jemer, y de varios miembros de su familia. Esto provocó un cambio en el liderazgo de la organización, y el general radical Ta Mok se hizo con el control de la guerrilla, e inició un “juicio” contra Pol Pot. En Phnom Penh corría el rumor de que Pol Pot sería llevado ante la justicia internacional, pero finalmente quedó en arresto domiciliario.

Después hubo un largo período de trámites judiciales, en el que tanto el Funcinpec como el CPP intentaron ganarse la confianza de los jemeres rojos que quedaban en el norte de Camboya. Ranariddh estuvo a punto de sellar un acuerdo con los guerrilleros de la jungla; le interesaba que se firmara antes de la entrada de Camboya en la Asean, porque nada proporcionaría una mejor publicidad que el final de la larga guerra civil. Pero el 5 de julio de 1997 la guerra irrumpió de nuevo en las calles de Phnom Penh cuando las tropas leales al CPP se enfrentaron con las del Funcinpec. Tras este brevísimo conflicto, el CPP controló de nuevo Camboya.

A principios de 1998, el CPP anunció una ofensiva general contra sus enemigos en el norte. En abril había cercado los bastiones de los jemeres rojos en Anlong Veng y Preah Vihear, y en medio de intensos enfrentamientos, Pol Pot eludió la justicia al fallecer de muerte natural el 15 de abril, mientras estaba cautivo de sus antiguos camaradas jemeres rojos. A la caída de Anlong Veng en abril, le siguió la de Preah Vihear en mayo, y los tres grandes supervivientes, Ta Mok, Khieu Samphan y Nuon Chea, se vieron obligados a huir a la selva cerca de la frontera tailandesa con las tropas que lograron reclutar.

El resultado de las elecciones de 1998 consolidó al CPP como la fuerza dominante de la política camboyana, y el 25 de diciembre Hun Sen recibió el regalo que durante tanto tiempo había estado esperando: Khieu Samphan y Nuon Chea desertaban y se pasaban al bando gubernamental. La comunidad internacional comenzó a presionar para lograr la creación de un tribunal de crímenes de guerra que juzgara a los líderes de los jemeres rojos. Tras largas negociaciones, se llegó a un acuerdo sobre la composición del tribunal que juzgaría a los genocidas que aún seguían con vida. Para saber más sobre los acontecimientos recientes en Camboya.

¿Hacia la democracia?

En el 2002 se celebraron las primeras elecciones locales de Camboya para elegir a los representantes de los pueblos y las comunas, lo que supuso un paso importante para asentar la democracia. A pesar de que desde 1993 se celebraban elecciones generales, el CPP continuaba monopolizando el poder político en los ámbitos local y regional. En las elecciones generales celebradas en julio del 2003, el CPP se consolidó como primera fuerza en Camboya y el partido liderado por Sam Rainsy superó al Funcinpec como segunda fuerza política. En las elecciones del 2008 siguió la tendencia al alza de la mayoría del CPP. No obstante, para las elecciones del 2013, la oposición logró un acuerdo de pacto y la situación dio un vuelco. Sam Rainsy, el líder del Partido por el Rescate Nacional de Camboya (PRNC), regresó de su exilio voluntario y rozó la victoria frente al CPP.

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