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Costa Rica Historia

Historia

ÉPOCA PREHISPÁNICA

El litoral y las selvas tropicales de América Central han estado habitados por el hombre desde hace al menos 10 000 años. Se calcula que, poco antes de la llegada de los españoles, en lo que hoy es Costa Rica vivían unas 400 000 personas, aunque poco se sabe de estas culturas precolombinas. Las lluvias torrenciales y la colonización española acabaron con los restos de cualquier civilización.

A diferencia de las grandes civilizaciones que se desarrollaron en Mesoamérica y los Andes, los antiguos moradores de lo que hoy es Costa Rica dejaron pocos restos materiales. Sus pueblos y ciudades (con la excepción de Guayabo) desaparecieron en la selva. Sin embargo, en los relatos orales de las comunidades indígenas, aún sobreviven historias de ciudades perdidas y los arqueólogos confían en que un gran descubrimiento les espera. Teniendo en cuenta que la mayor parte del país la constituyen montañas inaccesibles y selvas tropicales, quizá sus sueños no sean tan descabellados. 

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HEREDEROS DE COLÓN

En 1502, en su cuarto y último viaje al Nuevo Mundo, Cristóbal Colón se vio obligado a fondear cerca de lo que hoy es Puerto Limón, después de que un huracán dañara su barco. Mientras esperaba a que lo reparasen se aventuró en el frondoso territorio e intercambió regalos con sus hospitalarios y acogedores habitantes. Regresó de este encuentro afirmando haber visto “más oro en dos días que en cuatro años en La Española”. Colón bautizó la franja costera desde Honduras hasta Panamá con el nombre de Veraguas, pero fueron sus descripciones de “la costa rica”, las que dieron a la región su nombre futuro. O al menos eso es lo que cuenta la tradición popular.

La realidad es un poco más incierta, ya que los diarios de a bordo del cuarto viaje se perdieron, y el único registro conocido de la travesía es una carta manuscrita de Colón a la Corona española en la que no aparece por ningún lado el término “costa rica”. Un origen más probable del término “costa rica” se debe a Diego Gutiérrez, el primer gobernador virreinal del territorio, que utilizó el término en una carta de 1543 a la Corona española.

De todos es sabido que Colón, tras regresar de su último viaje y reclamar su nombramiento como gobernador de los nuevos territorios, se encontró con la reina Isabel en el lecho de muerte y, enredado en las intrigas de la corte, se vio en vuelto en un juicio que dio, incluso, con sus huesos en una mazmorra. El rey Fernando concedió el título de gobernador del Darién, como se llamó a Centroamérica, a Diego de Nicuesa. Colón murió en 1506 sin haber podido volver al Nuevo Mundo.

Para decepción de los herederos de Nicuesa, el oro no abundaba en la zona y los nativos resultaron ser cualquier cosa menos afables. La primera ciudad, fundada en la actual Panamá, fue abandonada repentinamente después de que las enfermedades tropicales y las beligerantes tribus diezmaran las filas europeas. Posteriores expediciones enviadas desde la costa caribeña también fracasaron; pantanos pestilentes, selvas agobiantes y volcanes hicieron que el paraíso de Colón se asemejara más bien a un infierno tropical.

El año 1513 fue prometedor para la expansión española. Vasco Núñez de Balboa oyó rumores sobre un vasto mar y una rica civilización situada al otro lado de las montañas del istmo (probablemente se referían al Imperio inca del actual Perú). Balboa atravesó el continente y, el 26 de septiembre de 1513, se convirtió en el primer europeo que divisó el océano Pacífico.

Con este importante descubrimiento los conquistadores pasaron a controlar una zona estratégica desde la que podrían iniciar su dominio sobre toda Centroamérica. Sin embargo, estas campañas no condujeron de inmediato a una presencia permanente en la zona que hoy forma Costa Rica: las enfermedades, la escasa población y la falta de recursos naturales que explotar hicieron que se considerara esta región como la “más pobre y miserable de todas las Américas”. 

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ÉPOCA VIRREINAL

Hasta 1560 no se estableció un emplazamiento español permanente en Costa Rica. Con la esperanza de cultivar el rico suelo volcánico del Valle Central, los europeos fundaron la población de Cartago a orillas del Reventazón. Aunque la incipiente ciudad estaba muy aislada, sobrevivió milagrosamente bajo el liderazgo de su primer gobernador, Juan Vázquez de Coronado, que prefería la diplomacia a las armas de fuego para neutralizar la amenaza indígena. Coronado utilizó Cartago como base para inspeccionar las tierras al sur de Panamá y hacia el Pacífico, afianzando el dominio hispano. Aunque murió trágicamente en un naufragio, su legado perduró: Costa Rica fue reconocida oficialmente como provincia de la capitanía de Guatemala, dependiente, a su vez, del virreinato de la Nueva España.

Durante casi tres siglos, toda región fue regida por la capitanía general de Guatemala, que incluía toda América Central, además del actual estado mexicano de Chiapas y a excepción de las Honduras Británicas (la actual Belice). Puesto que la sede política y militar de la capitanía estaba en Guatemala, Costa Rica se convirtió en un puesto avanzado de provincias, con poca o nula importancia estratégica ni riquezas explotables.

Como consecuencia de esta posición periférica, la historia virreinal de Costa Rica es asaz magra. Se fundaron modestas poblaciones de pequeños propietarios en el Valle Central, que prosperaron a duras penas basadas en la agricultura de autosuficiencia y en el comercio a pequeña escala.

La población s indígena, que nuca fue mucha, disminuyó drásticamente debido a la falta de defensas ante las nuevas enfermedades llegadas de Europa; de las 400 000 que había cuando llegó Colón pasaron a 20 000 un siglo más tarde, y a 8000 al cabo de otro siglo más. Fuera del Valle Central, diversas tribus consiguieron sobrevivir algún tiempo protegidas por la selva, organizando ataques ocasionales. 

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LA INDEPENDENCIA

El 27 de octubre de 1807 Francia y España firmaron el Tratado de Fontainebleau, que permitía el tránsito del ejército francés por la península para invadir Portugal. Con ese pretexto, Napoleón desplazó a miles de soldados a España y ocupó, de hecho, el país. La subsiguiente Guerra de la Independencia provocó un vacío de poder que supuso el espaldarazo para la independencia de las posesiones hispanas de ultrmar.

En 1821, México y América Central declararon su independencia. De forma plácida y sin apenas quebranto, Costa Rica siguió el rumbo que marcaban los nuevos tiempos.

Las recién liberadas colonias sopesaron su destino: formar los Estados Unidos de América Central o constituirse en Estados independiente. Al principio crearon una entidad intermedia denominada Federación de América Central (FAC), si bien no podía tener ejército ni recaudar impuestos. Acostumbrada a ser el centro de poder, Guatemala intentó dominar la FAC, lo que aceleró la desaparición de dicha coalición. Nuevos intentos de unir la región también fracasaron.

Mientras tanto se iba perfilando una Costa Rica independiente gracias a Juan Mora Fernández, su primer jefe de Estado (1824-1833). Mora fundó nuevas poblaciones, construyó carreteras, publicó un periódico y acuñó moneda. Incluso su mujer colaboró, diseñando la bandera del país.

La vida volvió a la normalidad, a diferencia del resto de la región, donde tras la independencia se sucedieron las guerras civiles. En 1824 la región de Nicoya-Guanacaste se separó de Nicaragua y se unió a su vecino del sur, definiendo nuevas fronteras territoriales. En 1852 Costa Rica recibió sus primeros emisarios diplomáticos de EE UU y el Reino Unido. 

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CAFÉ RICA

En el S. XIX, las riquezas que Costa Rica había prometido tanto tiempo atrás se materializaron al descubrir que el suelo y el clima de las mesetas del Valle Central eran ideales para el cultivo del café. Costa Rica fue el primer país de América Central en cultivar el grano, lo que lo convirtió en el más rico de la zona.

Al descubrirse el filón el Gobierno promovió el cultivo de café entre los agricultores regalándoles pequeñas plantas. Los productores costarricenses exportaban la cosecha a sus vecinos suramericanos, que trataban el grano y a su vez lo exportaban a Europa. Sin embargo, en la década de 1840 los comerciantes locales lograron abrir sus propios mercados en el extranjero. Su gran oportunidad llegó cuando persuadieron al capitán de la nave británica Monarch para que transportase varios cientos de sacos de café de Costa Rica a Londres, lo que marcó el inicio de un boyante negocio.

Así empezó el boom del café de Costa Rica. Su rapidez de preparación lo popularizó entre los consumidores de la clase trabajadora de los países industrializados. El aroma del dinero atrajo a una oleada de emprendedores inmigrantes alemanes al país, mejorando la situación técnica y financiera del sector. A finales de siglo, más de un tercio del Valle Central se dedicaba al cultivo de café, producto que constituía más del 90% de las exportaciones, y el 80% de los ingresos en divisa extranjera.

La industria del café en Costa Rica tuvo un desarrollo diferente al resto de América Central. Como en otros países, surgió un grupo de barones que cosecharon los beneficios del auge de la exportación. Pero en Costa Rica, estos no eran terratenientes. La producción de café requiere mucha mano de obra, su cosecha es larga y minuciosa. Los pequeños agricultores costarricenses hacían todo el trabajo, pero una élite monopolizaba su procesado, comercialización y financiación. La economía del café en Costa Rica creó una amplia red de comerciantes adinerados y de pequeños cultivadores.

La riqueza del café se convirtió en fuente de poder en el sector político, liderado por las familias aristocráticas del país. A mediados de siglo, las tres cuartas partes de la élite cafetalera eran descendientes de tan solo dos familias, ambas de origen español. El principal exportador del país era el presidente Juan Rafael Mora Porras (1849-1859), cuyo linaje se remontaba al fundador de la colonia, Juan Vázquez de Coronado. Mora fue derrocado por su cuñado después de que el presidente propusiera crear un banco nacional independiente de los barones del café. Los intereses económicos de la elite cafetalera se convertirían a partir de entonces en una prioridad de la política costarricense. 

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EL IMPERIO DEL PLÁTANO

El comercio del café originó involuntariamente el siguiente boom de la exportación en Costa Rica: el plátano. Para hacer llegar el café a los mercados mundiales hacía falta un enlace ferroviario desde las mesetas centrales a la costa, y Puerto Limón constituía una dársena ideal. Para desbrozar el interior, formado por densas selvas y pantanos infestados de insectos, el Gobierno contrató a Minor Keith, sobrino de un magnate norteamericano del ferrocarril.

El proyecto fue un desastre. La malaria y los accidentes diezmaron a los trabajadores. La mano de obra costarricense fue reforzada con presos estadounidenses e inmigrantes chinos; estos serían luego sustituidos por jamaicanos. Para animar a Keith a continuar, el Gobierno le ofreció 3200 km2de terreno del recorrido y un contrato de 99 años para explotar el ferrocarril. La línea se inauguró en 1890, aunque funcionaba de modo deficitario.

Como fuente de alimentación barata para los trabajadores, Keith había empezado a cultivar plátanos a lo largo de la vía. Desesperado por recuperar su inversión, envió algunos plátanos a Nueva Orleans con la esperanza de diversificar su empresa. Y dio en el clavo. Los consumidores se volvieron locos con aquella fruta alargada y fácil de comer. A principios del s. XX el plátano superó al café como exportación más lucrativa de Costa Rica y el país se convirtió en el primer exportador mundial.

El ascenso del imperio platanero transformó el país. Keith se unió a otro importador norteamericano para fundar la United Fruit Company, que pronto se convertiría en la mayor empresa de América Central. Muchos la llamaban “el pulpo”, porque sus tentáculos se extendían por toda la región, enredándose en la economía y la política locales. La United Fruit poseía enormes extensiones de exuberantes tierras, casi todas las infraestructuras de transportes y comunicaciones y un montón de burócratas. La empresa atrajo a una oleada de mano de obra de Jamaica, lo que cambió el aspecto étnico del país y provocó tensiones raciales. 

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EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN

Las desigualdades de inicios del s. XX impulsaron el ascenso de José Figueres Ferrer, padre de la democracia neutral costarricense, que se describía a sí mismo como agricultor-filósofo. Hijo de inmigrantes catalanes dedicados al cultivo del café, Figueres destacó en la escuela y estudió ingeniería en Boston, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Tras volver a Costa Rica para montar su propia plantación de café, organizó a sus trabajadores en una comunidad basada en el socialismo utópico decimonónico a la que bautizó con el nombre de “La Lucha sin fin”.

En la década de 1940, Figueres se involucró en la política nacional, criticando abiertamente al presidente Calderón. Durante una entrevista radial en la que criticaba al presidente, la policía entró en la emisora y detuvo a Figueres. Se le acusó de tener tendencias fascistas y fue expulsado a México. En el exilio, creó la Liga Caribeña, un grupo de estudiantes y políticos centroamericanos que pretendía derrocar las dictaduras militares de la zona. Cuando regresó a Costa Rica, la Liga Caribeña contaba ya con 700 miembros en el país. Al persistir en sus actividades, tropas del Gobierno intentaron arrestar a Figueres en su plantación con la intención de desmantelar la Liga Caribeña, lo que desencadenó la guerra civil. Figueres emergió victorioso del breve conflicto y aprovechó la oportunidad para aplicar su visión de la socialdemocracia en Costa Rica. Tras disolver el ejército, el nuevo presidente citó a H. G. Wells: “El futuro de la humanidad no puede incluir a las fuerzas armadas”.

Como jefe de la junta de Gobierno provisional, Figueres promulgó cerca de mil decretos. Reformó el sistema tributario, nacionalizó la banca y construyó un moderno Estado del bienestar. Su Constitución de 1949 garantizó la igualdad de derechos a mujeres, negros, indígenas y chinos. Hoy, el régimen de Figueres es considerado la base de la democracia de Costa Rica.

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EL IMPERIO AMERICANO

En las décadas de 1970 y 1980, la soberanía de los pequeños países de América Central quedó limitada por su vecino del norte, EE UU, que utilizó la mano dura y la diplomacia del dólar y las cañoneras para acabar con cualquier veleidad socialista, sobre todo apoyando a las oligarquías y los gobiernos militares de Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

En 1979, los rebeldes sandinistas derrocaron la dictadura de Somoza, respaldada por EE UU. Alarmado con la deriva prosoviética del nuevo régimen sandinista, el presidente Ronald Reagan, ferviente anticomunista, decidió que había que intervenir. La Guerra Fría había llegado a los cálidos trópicos.

Los detalles organizativos de la contrarrevolución fueron delegados a Oliver North, un oficial subalterno que trabajaba desde el sótano de la Casa Blanca. North ayudó a los famosos rebeldes de la contra a instigar la guerra civil en Nicaragua. Aunque ambos bandos invocaban la retórica de la libertad y la democracia, la guerra fue, de hecho, una batalla entre regímenes autoritarios.

Bajo la intensa presión de EE UU, y muy a su pesar, Costa Rica se vio involucrada en el conflicto. La contra se instaló en el norte del país, desde donde organizaba ataques de guerrillas. Agentes de la CIA y asesores militares de EE UU fueron enviados para ayudarles. Se construyó una pista de aterrizaje secreta en la selva, cerca de la frontera, para suministrar armas y provisiones. Se dice que North utilizó esta red secreta de suministro para traficar con drogas en la zona y así obtener dinero para los rebeldes.

La guerra polarizó Costa Rica. Los conservadores hicieron un llamamiento, auspiciado por el Pentágono, para restablecer el ejército y unirse a la cruzada anticomunista. En mayo de 1984, más de 20 000 personas se manifestaron en San José para pedir la paz, aunque el debate no alcanzó su clímax hasta las elecciones presidenciales de 1986. El vencedor fue Óscar Arias Sánchez, de 44 años, quien, a pesar de pertenecer a una rica familia cafetera, era un intelectual reformista al estilo de Figueras, su mentor político.

Al ocupar el cargo, Arias ratificó su compromiso de llegar a una solución negociada y reafirmó la independencia de Costa Rica. Se comprometió a mantener la posición neutral del país y a echar a la contra del territorio, lo que provocó que el embajador de EE UU abandonara repentinamente su puesto. En una ceremonia pública, escolares costarricenses plantaron árboles sobre la pista de aterrizaje ya no tan secreta de la CIA. Además, Arias se convirtió en el impulsor del plan de paz para América Central, que puso fin a la guerra nicaragüense y le valió el Premio Nobel de la Paz en 1987.

En el 2006, Arias volvió a ocupar el cargo de presidente, ganando las elecciones por un magro margen del 1,2%, y ratificando posteriormente el polémico Tratado de Libre Comercio entre EE UU y América Central (Cafta).

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COSTA RICA HOY

En febrero del 2010 Costa Rica celebró elecciones presidenciales libres, supervisadas por la Organización de Estados Americanos. La vencedora fue Laura Chinchilla, antigua vicepresidenta de Óscar Arias Sánchez, que ganó con el 47% de los votos, conservando así el poder político de su partido de centro-derecha, el Partido Liberación Nacional. Chinchilla hizo campaña a favor de plataformas económicas similares a las de su mentor político, es decir, el fomento del libre comercio y un mayor acceso a los mercados de EE UU. Sin embargo, sus detractores arguyen que estos objetivos no protegen a los pequeños agricultores e industrias locales, que pasan muchos apuros para competir con la reciente avalancha de productos estadounidenses baratos.

A diferencia de Arias, Chinchilla es una acérrima conservadora en temas sociales, y se opone diametralmente a la legalización del aborto, los matrimonios homosexuales y la píldora del día después. Desviándose de forma sorprendente de lo que propugnaba su mentor político, Chinchilla ha prometido luchar contra la proposición de ley que despojaría a Costa Rica de su designación oficial de Estado católico convirtiéndolo en un Estado laico.

Costa Rica probablemente seguirá reinando como pionera global del desarrollo sostenible, ofreciendo un modelo en el que los intereses económicos y medioambientales sean complementarios, aunque no sin cierta controversia. La conservación del medio ambiente y el ecoturismo están gestionados por dos poderosos organismos burocráticos, el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) y el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), que a menudo chocan en sus intereses. También hay un distanciamiento entre los motivos que mueven a la élite ecologista de San José y las preocupaciones de los residentes rurales, que aún utilizan la tierra para sobrevivir.

El éxito de la “revolución verde” ha dado lugar a un nuevo tema de preocupación: la necesidad de un turismo sostenible. El creciente número de visitantes que recibe Costa Rica ha provocado la mejora y construcción de más hoteles, transportes e infraestructuras. Esta invasión turística de los bosques tropicales inevitablemente somete a mucha tensión al frágil ecosistema que la gente acude a ver en masa. Sin embargo, aunque es cierto que Costa Rica tiene sus propios problemas, este es uno de los pocos países de la región donde las cuestiones medioambientales son tratadas en un foro de discusión apropiado.

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Fuente: Costa Rica 5 (octubre del 2010)