Burg, Markt y el norte

Si uno se propusiera diseñar una ciudad medieval de fábula, le costaría mejorar el centro de Brujas. Las fotogénicas plazas de mercado, flanqueadas por altas torres e iglesias antiguas, están unidas por pintorescas callejas adoquinadas y canales de ensueño. La pega: el montón de turistas, sobre todo en verano. Pero deambulando por el norte y el este se descubre una Brujas distinta y más enigmática.

Lo mejor en un día

Hay que empezar con un café en Markt, luego subir al Belfort para orientarse en la ciudad y alrededores. Se pone rumbo a Burg, explorando el Renaissancezaal (salón renacentista) del Brugse Vrije y descifrando los murales del Gotische Zaal (salón gótico) del Stadhuis. A continuación, se visitan las reliquias más sagradas de la ciudad, custodiadas en la Heilig-Bloedbasiliek. Se puede almorzar en uno de los dos establecimientos de patatas fritas de Markt.

Cerca, el Koninklijke Stadsschouwburg es un bonito teatro del s. XIX. Al este, en la tranquila Santa Ana, se halla la macabra pero interesante Jeruzalem-kerk del s. XV, con un retablo decorado con calaveras.

Para sumergirse más en la vieja Brujas, hay que cenar y tomar cerveza en Herberg Vlissinghe, un clásico desde 1515. También pueden vivirse experiencias cerveceras típicas en el bar de sótano ’t Poatersgat’. Por último, se regresa a Markt para ver la plaza iluminada.

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