Cuarto día

Es momento de alquilar un coche y salir a tierras salvajes para recorrer algunos de los mejores sitios de la isla. Conviene marcharse temprano de Funchal hacia el norte para ver el amanecer desde la cima del Pico do Arieiro, la tercera montaña más alta de Madeira, con una carretera que llega a la cumbre. A poca distancia, está el helado Ribeiro Frio, con el mirador Balcões y una granja de truchas, cuyas habitantes se sirven en el acogedor Restaurante Ribeiro Frio.

Tras descender a la costa norte para hacer un breve alto en Santana y visitar las casas triangulares con tejado de paja, hay que seguir al oeste por la costa hasta São Vicente y hacer una visita guiada a las Grutas e Centro do Vulcanismo. El camino de vuelta a la costa sur pasa por el valle descomunal que divide la isla en dos, una experiencia memorable.

El valle central deja al viajero en la preciosa ciudad de Ribeira Brava, donde se puede cenar con vistas al mar en el Borda D’Agua  o el Muralha. Desde ahí, no queda más que un paseo hasta Funchal por la Via Rápida.

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